jueves, 17 de abril de 2014

Terror

Impotencia ante la violencia

Cuando veo imágenes o vídeos de la violencia actual en lugares tan cercanos como Ucrania o Siria me siento incapaz de entenderla, siento una terrible lejanía de unos seres que son incapaces de admitir diferencias, de dialogar o de entenderse entre sí. Veo cercana la sinrazón de Auswitch y siento que nuestras escuelas de poco sirven si somos incapaces de evitar la violencia. No podría dar una clase sobre estos hechos sin llorar, es por ello que no sirvo para dar clases  de historia. Sin embargo otros si lo pueden hacer ¡por suerte!, nuestra mirada y la de la sociedad deberían mirar más el presente con los ojos del pasado.
¿Somos capaces de evitar la violencia?
Cuando uno golpea a otro podría sentir el mismo dolor que el golpeado, si no es así es porqué es posible que le falte una parte de si mismo. La violencia crece y se expande hasta que llega a unas cotas insostenibles y entonces se detiene... hasta volver a empezar.
¿Podemos detener esta barbarie?

La hipocresía del capitalismo

Crecemos, crecemos, nos expandimos, conquistamos, invadimos, progresamos, colonizamos, dominamos, contaminamos, liberamos, compramos, vendemos, negociamos..
Sinónimos que nos engañan y maquillan una sociedad con ausencias de:
Comprendemos, entendemos, ayudamos, apoyamos, dialogamos, sanamos, reunimos, convivimos, compartimos, ...
Nuestra sociedad ha alcanzado unos altos niveles de desarrollo y crecimiento como nunca antes se había hecho. Adolecemos sin embargo de la dimensión social necesaria que evite la violencia que surge en el día a día y que aparece como un cáncer con unos niveles de dolor y destrucción tan elevados que jamás se habían alcanzado.
La voracidad del Poder y del Dinero es tan elevada que siembra injusticias en nombre de desarrollo, no oye las voces que le advierten de los desastres humanitarios, del cambio climático o de un futuro lleno de problemas. Sólo se atiende  a unas pocas palabras: Ganancia, Crecimiento, Progreso.

Los grandes vacíos

Si miramos nuestros ministros vemos gente brillante, con un currículo de gestión impresionante, economistas, ingenieros, políticos..., salvo excepciones brilla por su ausencia el perfil humanista.
Tenemos antropólogos, sociólogos, psicólogos, y muchos profesionales con gran formación humanista, con conocimientos y brillantes ideas, pero ¿dónde están?
Unos dando clase, otros en industrias que les saben sacar provecho, otros desarrollando tareas por su cuenta, y los más ¡en el paro!, especialmente en nuestro país.
Creemos que podrían estar jugando un papel positivo en nuestros gobiernos, pero parece imposible un debate inteligente y complejo en unos Parlamentos formados por grupos que ni se oyen ni se escuchan.
Los antropólogos podrían ayudar a la integración oscila y cultural, al diálogo de las culturas, como decía Lévi-Strauss. Pero esto sería un lujo en una sociedad que ha creado su propia crisis.
Sociólogos y psicólogos podrían prevenir y curar problemas sociales y detectar y actuar en situaciones de riesgo....

Ceguera

Parece que nuestra sociedad sólo ve lo que quiere ver.
Se callan y se ocultan los que señalan problemas como el cambio climático.
Vamos de una crisis, la actual financiera, a otra mayor: la futura energética y de materias primas.
Hay servicios de espionaje que lo saben todo, todo salvo lo que no quieren saber como el problema de Ucrania, ¿o sí lo saben y se preparan para sacar provecho de ello?
 Condenan a los ciudadanos a la ignorancia, la ceguera o a las tergiversaciones necesarias para que todo siga el rumbo que el Poder marca.

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